Pienso en que me gustaría ahondar en los recuerdos que tengo sobre cómo vi algunas relaciones humanas en mi convivencia con los tetuaníes, más bien con las tetuaníes.
Pero es complicado. A ver, Tuve suerte con la gente del pueblo con que tocó vivir. En otro sitio he contado mis relaciones entrañables con el portero de mi bloque de pisos, en "el control". Abdeslam, con quien hice amistad y aprendizaje -por mi parte- de cosas que ni esperaba.
Ahora bien, en lo que se refiere a las mujeres, no puedo sino decir que aún vivo asombrado, 34 años después.
Las madres de familia con quien me traté. Con el respetoy distancia que se puede suponer, me dieron ejemplo de mundos a la vez oscuros y luminosos. Por ejemplo, alguna de ellas, madre de un alumno, me contaba que había ido al registro y había encontrado con que la casa, que teóricamente era "de los dos", se la había puesto el marido a su nombre tan sólo y, claro, yendo para su casa se planteaba qué comportamiento podía -o debía- de tener con él. Y era una analítica de impresión. Sólo pude oirla porque no estaba yo a la altura de poder decir algo no que sirviera, sino simplemente de comprensión y comunicación.
Pero, por ir a lo divertido. Entrando en La Medina, desde la Plaza de España, en los joyeros que había a la derecha de la calle, vi a uno de ellos engarzando alguna joya. Se había salido a la puerta de la tienda para tener más luz del sol y lo hacía con un primor envidiable.
Como era algo 'chivani' supuse que hablaría español y pegué hebra con él. Estupendo. Me contó miles de historias de Tetuán, el Mellah, y alrededores y, entonces, entraron dos señoras para tratar de sus inversiones económicas.
Sacó un libro enorme que tenía que ser antiquísimo por cómo estaba la primera parte de sus hojas. Discutía con las señoras y, creo, hablaron de mí porque me miraban y se reían, pero el ambiente era cálido y esperé a que terminaran.
Acabado el trato -apuntar la aportación que le habían hecho- me contó el tema del oro en la mujer tetuaní. Me enseñó las anotaciones (tiene gracia, no había problema de privacidad porque estaba escrito en árabe, con claves, y con una letra pequeñísima). Pero me quedé asombrado. El ahorro en oro como libertad de las personas. No podía ni pensarlo.
Hablamos de los divorcios y de las separaciones, de cómo se acogían unas familias a otras en caso de necesidad, cómo, aunque no hubiera adopciones regulares sobre niños recien nacidos, era normal que se encontraran familias que los acogieran como propios (y los apuntaran, claro)... etc. etc.
Ahora, cada vez que abro estas páginas, donde un grupo de amigos cantamos loas a nuestros recuerdos, pienso que teníamos que sacar más aún. Hay muchísimo más....
