viernes, 11 de octubre de 2024

El "mal de ojo"

 Un cuentecillo histórico.... A Xauen ibamos como el que va a la cafetería de la esquina. Claro que hicimos amistades, y fuertes, con algunos de los "guías" que había por allí y, tanto, que al llegar al aparcamiento que había -a lo mejor lo hay aún- de enfrente del "parador", le decíamos a alguno de los chicos que habían por allí que avisaran a Mohamed, el "mini-guía"... 

Claro, esperábamos y, mientras, un montón de aspirantes a llevarnos de paseo se acercaban con "está de suerte, amigo, día de mercado" y cosas parecidas...Pues bien, un día que nuestro habibi tardaba algo más de lo normal se acercaron un buen montón de cicerones... Los miré a todos con fijación y, de pronto, uno de ellos dijo -aún en español- "¡que nos está echando el mal de ojo!"... Salieron a toda velocidad en todas direcciones. La plaza se quedó sola. Nosotros, únicamente.

lunes, 22 de julio de 2024

Poner tornos en su sitio

 Pues sí, trajeron tornos nuevos a nuestro "Juan de la Cierva".

Y, como siempre en estos casos, revolución....hay que mover los antiguos, dejarles sitio a los nuevos, planes, discusiones y, al final, tocarlos.

Es decir, sacarlos de sus embalajes y disponerse a mover esos armatostes de no sé cuantos cientos de kilos de peso y que lleguen felizmente  a su sitiio.

Todos estábamos contentos y... preocupados.

Bautista, Joaquín y alguien más que no recuerdo, en la puerta del taller.

Me acerco a ellos. Ha venido un camión  y los ha dejado justo en la puerta del taller. Esa construcción que estaba en mitad del "patio".

Pero no estaban en su sitio.

A base de empujones, rodillos o lo que fuera, han entrado hasta enfilar la puerta del taller de la derecha.

Quedan cinco o seis metros.

Y se me ocurre una idea. 

Pongo el Nissan al lado de la ventana de fuera, metido en la tierra, de espaldas al taller. Metemos una cuerda por la ventana y tiramos de ellos.

Pero, más aún, le digo a Paco que recuerde el funcionamiento de las "maquinillas" de los barcos, es decir, dos vueltas de cuerda sobre la bola de enganche y cuerda suelta al otro lado. Si aprietas, se agarra la cuerda entre sí y se queda fija.

De esa forma tirará del torno y el que está fuera del coche domina mejor la vista para decir cuando se ha de mover el torno o pararse.

Yo, al volante, primera corta, tracción a las cuatro ruedas y, Paco, detrás, los demás al lado del torno y la cuerda tirando -o no- de él.

Empezamos. Claro, el torno se mueve. Muy bien, despacito, despacito se va acercando a su sitio.

Pero la coordinación no ha funcionado. En un momento determinado, el torno se ha "pasado" de sitio y, claro, es más fácil tirar que empujar.

O sea, que renuncia al procedimiento. 

Volvemos todos al taller y entre empujones a un lado y empujones a otro, se va llevando a su sitio.

¡Qué lástima!, con lo bien que parecía que iba a ir.



lunes, 15 de julio de 2024

MENAS-1

 Posiblemente no sea ni el nombre adecuado ni la referencia correcta pero se ha convertido en  un tópico útil y, creo, propio de la descripción que pretendo hacer.

La primera vez que fui consciente de que hubiera menores desatendidos viviendo a su propia suerte fue en cualquier avenida de México D.F., en el año 1982.

Es decir, bajábamos -en carro, claro-  desde México-Tacuba hacia Insurgentes o Revolución y, en el primer semáforo te asaltaban chicos de alrededor de 8 a 11 ó 12 años que, con un trapo, rasqueta o similar te limpiaban el parabrisas. Otros, a su lado, te ofrecían chicles o Kleenex y, todos bajo una actividad desenfrenada para que, si les rechazabas fueran a otro carro y allí rindieran su actividad.

En principio, desconocedor de muchas cosas, me parecieron vitalistas, es decir gente, a las que no era difícil presuponer marginación y, por ello, su reacción para ganar alguna plata.

No fui crítico en principio. El trato era afectuoso y en cierta forma jovial y, claro, si tienes mano con los chavales siempre hay algún recurso para hacerles reir. 

Les dabas una propina y tenías chicles y Kleenes y, más o menos limpio, el parabrisas. (Mi "carro" era muy alto y, por ello, no llegaban más que a la mitad de su altura).

Ya era normal, confiabas en ellos hasta para conseguir alguna cola o refresco y... así, un día y otro.

Hasta que me hablaron de ellos. 

No eran espontáneos. Es decir, no tomaban -no puedes decir "cogían"- el metro para bajar desde las colinas de alrededor de Tenochtitlan y llegar al centro, de forma autónoma. 

Les dirigían. 

Nos señalaron que eran presa fácil de una especie de mafias que decían dónde tenían que estar, cuantos, a qué horas y se llevaban una comisión por regularlos. Es decir... que estaban en manos de profesionales de "su" actuación.

Y, ahí, empezó mi malestar. 

Yo había caído en una especie de 'película americana' en las que veíamos como parecía normal la cantidad de pequeños empleos que parecían adecuados a gente joven en América. Los lavacoches, por ejemplo. Nos decían que mucha gente importante había comenzado en su autonomía por dedicar horas a limpiar carros en lavaderos a propósito.

Pero empezaba la parte oscura. Eso podría existir. En principio, si es libre y en horas no escolares es fácil no tenerles censura. Pero... es más complicado.

Sin embargo, hay algo importante a señalar.

Esos chicos estaban ya en contacto con la realidad. Un cierto tiempo en esa labor les hacía independientes, autónomos respecto a su familia aunque no respecto a los que los manejaran.

Pero llegaban a ser capaces de vivir solos. Sin autoridad familiar y...


Podían ponerse al servicio de quien fuera y donde fuera.

miércoles, 29 de mayo de 2024

Paraíso de paz y lágrimas

 Llevábamos ya varios años en Granada vueltos de nuestra vida tetuaní. 

Creo que del orden de 10 o por ahí y, por indicaciones de amigos, necesidades de recuerdos y mantener el tipo alto, convinimos formar un grupo de amigos para pasar quince días en un apartamento de Malalien.

Nos ayudaron a buscar el sitio, organizamos el viaje y, ¡ale!, a dar diali.

Estupendo, dos o tres apartamentos, creo que fuimos tres parejas con nuestros respectivos hijos y dos o tres coches. 

Estábamos cerca de Prado Negro, con lo que el baño estaba asegurado y las brochetas de Mero du Petit Merou, aussi. Desde allí, subida al faro del cabo, paseo por el Rincón o comidas en Kabila, tanto daba.

 

Por ahí estaba el apartamento, al sur de La Ferma o cerca

 Cómo no, idas a Tetuán, al zoco, a ver amigos y a presentarles a nuestros novatos viajeros a marruecos todo cuanto sabíamos de aquellas zonas. Xauen incluido, ¡faltaría más!.

 

 Pero había un punto sensible. Temíamos -por sensibilidad afectiva- encontrarnos con la gente más querida de las que habíamos dejado allí. Era como avivar daños que creíamos innecesarios

Les llevábamos regalos, claro, y había que entregárselos de la forma más plácida posible.

En principio, sin problema, toda la panda en La Medina, a la compra por los puestos de alrededor de La Guersa, como era natural entonces, candoras, collares, abalorios, etc. y yo, a la casa de la familia continuamente querida.

Sabíamos que habían tenido una chiquilla, de unos seis meses más o menos y, había que verla, pero verla bien. Total, un pequeño lío de delicadezas sin saber cómo solucionarlas.

Tiro hacia el barrio que hay cerca del cementerio cercano al mercado de las verduras.


 Entro en la Avenida Al Hayani y, a medio camino oí una voz estentórea, por encima de ruidos de cualquier otro tipo: "Rafaaaaaaa!".

Esa voz me para, evidentemente, y me vuelto a mirar por todos lados.

Nuestra amiguísima, la segunda madre de mis hijos está chillando y moviéndose para hacerse ver. El abrazo consiguiente y noticias mutuas a toda velocidad. 

Vamos a su casa, dejamos regalos y la chiquilla me echa los brazos. Otra hermanilla más para mis hijos. 

Corriendo, al coche y, por la razón que sea, decidimos aparcar en Bab Mcabar. Maderas abajo, atravesamos la Guersa y, no recuerdo cómo, me dicen que la familia está comprando candoras.


 Sé dónde está la tienda y vamos hacia allá. Yo, con la chiquilla en brazos, haciéndonos carantoñas. Pasamos por bajo del arquito de la entrada sur a La Guersa y, nada, a 15 metros empiezo a ver gente de la pandilla.

Cuando nos vemos los componentes tetuaníes se produce una especie de cielo de cariño. Todos lloramos, abrazos largos, larguísimos mojados en lágrimas. 

Y, ahí hubo algo mágico. Se hizo un silencio que acalló todos los casettes que hubiera sonando. Sólo se oía el ruido de respiraciones de nosotros.

Pasó un señor mayor, con chilaba antigua, turbante blanco más o menos bien puesto, y mirándome, me dice en correcto castellano. "Aquí pasa algo grande".


lunes, 15 de enero de 2024

Nissan contra Mercedes, Mercedes contra Nissan.

 Cualquier día, de cualquier semana, de cualquier mes... O sea, el tiempo no es significativo.

¿La hora?, pues, la de cuando ocurren las cosas, a media mañana o por ahí.

Pero el lugar, el lugar sí que está claro.

Yo bajo por la aguada y me meto en la rotonda que tenía antiguamente a la paloma. Es decir, debajo de mi casa, en el "control" de Tánger.

Y, por la izquierda viene un mercedes, de color beige o marrón clarito. 

Pero viene a darme o yo a darle a él, que tanto da porque la importancia del tema es otra.

Nos damos, le doy o me da. Ya digo, tanto monta monta tanto. su faro y aleta trasera derecha contra mi aleta delantera izquierda. Luego pongo la foto.

Nada, los dos habíamos frenado -señales en el suelo como hacíamos en tiempos pasados-. Pero no fueron suficientes los rozamientos en ningún caso, porque no conseguimos detenernos.

Nos bajamos. El señor era mayor que yo, alrededor de cincuenta años, habla español estupendamente y, claro, discutimos sobre quién tenía más derecho o menos.

Recuerdo que, en aquél entonces -algún momento de 1985 u 86 (acabo de caer)- no se tenía tan definido y aceptado que en las rotondas, el que estuviera 'dentro', tenía preferencia.

Eso, discutimos, no en mal plan, pero ninguno nos bajábamos del burro y ya teníamos una presencia humana alrededor que parecíamos algo y alguien.

Llegaron los gendarmes. Sin problema. Me pidieron la documentación. Le pidieron su documentación y, no recuerdo con precisión si nos dieron a cada uno la del otro o se llevaron las dos.

En cualquier caso, el conflicto estaba señalado, tomado nota y, digamos, enviado al mecanismo de seguros que correspondiera.

Pero en algún momento me salió una vena algo triunfal. 

Es decir, un "todo terreno" contra un "turismo"... le tenía que haber hecho algún daño.

Nada, nada, nada, ni rasguños.

Yo, una arruga notoria en el parachoques y la aleta bastante hundida.

¡Al diablo mi orgullo!, pero exacerbada la curiosidad.

¿Cómo era posible?.

Me lo explicó después mi amigo Mohamed, que tenía una chapistería en la subida desde la aguada hasta el Hospital Español.

En Marruecos se "fabrican" de nuevo los Mercedes.  Es decir, les ponen -o ponían- viguetillas, "us", chapas, chapitas y chapones de tal manera que los hacían indestructibles y, digo yo, antioxidantes, porque estaban nuevos.

O sea, que si vas a Marruecos y te encuentras con un mercedes de los de "aletas", sal corriendo, que pueden más que tú.