Me enseñaron que el comercio y la actividad comercial es una función fundamental para la vida humana. También para la convivencia y, ¿por qué no? para establecer lazos pacíficos entre los humanos.
Pero, además, es una fuente de relaciones -normalmente positivas- que nos regalamos entre nosotros. ¿Habrá cosa más entretenida que un mercado?.
Y me refiero al disfrute que tuve tanto en México (los tianguis) como en Marruecos. Y, ademàs, en Tetuán aproveché para disfrutarlo en todo lo que pude.
Por ejemplo, el mercado central era una preciosidad como edificio, como sitio y como lugar de relación y, más aún, de diversión.
Teníamos un compañero que era del Norte de España. Concretamente de Ponferrada. Pues bien, si íbamos con él al mercado , en la misma entrada a la zona del pescado, había un tetuaní que gritaba a pleno pulmón y en perfectísimo castellano "....¡Hay bonito del norte!", en clara alusión a mi colega.
Éste le contestaba de forma congruente y pasábamos un rato en una pelea de amigos.
Pero, en estas fechas hay otro recuerdo.
A saber. Los granadinos tenemos por costumbre en estas fechas hacer un uso y disfrute de las habas. Esas pequeñas verduras que, escondidas en una vaina -que también se come- se cuecen en aceite, con cebolla o cebolleta, se le añade jamón (jalufo, ustedes perdonen, pues) y bien hechas están magníficas.
Pero tienen que ser pequeñas, pequeñísimas, tiernas hasta deshacerse en la boca. En fin, un capricho de nuestra cocina.
Y en los lugares en los que las verduras son un pilar significativo de la alimentación, hay que cogerlas grandes, ya hechas y, es verdad que bien cocidas y aderezadas están buenas, pero no son las "granaínas".
El primer año de nuestra estancia en Titaouen, las buscamos con denuedo. No estaban. Pero, al segundo, no las buscamos: las provocamos. Es decir, que fuimos a los puestos a decirles que nos las cogieran "sin hacer". Antes de tiempo.
Claro, no pesaban o no daban el peso que, después, las haría rentables.
Convinimos con los campesinos que se las pagaríamos más caras. Se les compensaría la pérdida de peso....
Y, ¡éxito!. Nos hicieron el favor de cogerlas 'antes' de tiempo. Claro, comprometiéndonos a llevarnos todas las que produjeran.
Pues, a la plaza, unas bolsas inmensas de vainas pequeñitas, delgadas y largas que, llevadas a casa, harían nuestra delicia local.
Pues eso, hicimos consumo, hicimos comidas, hicimos amigos.
Eso era nuestro mercado.