En la acera de la puerta de mi casa, en el "control", por debajo de la rotonda que albergaba una fuente de la que 'salió' la paloma a un lugar un poco más al sur, se daba un fenómeno impresionante. Cuando llovia fuerte -más o menos como ahora- bajaba un verdadero río por la aguada, además, las calles que, desde el barrio málaga fluían con la avenida grande hacían que aquello fuera como el Amazonas. Pues bien, cuando esa ríada llegaba al bordillo de la acera ¡se levantaba un labio de agua de alrededor de un metro de alto!, sin pasar al interior. Es decir, que te ponías en la acera, te inclinabas u n poco y te podías lavar las manos sin agacharte demasiado. Vamos, un número excepcional. Nunca lo he visto en ningún sitio...