Pues sí, trajeron tornos nuevos a nuestro "Juan de la Cierva".
Y, como siempre en estos casos, revolución....hay que mover los antiguos, dejarles sitio a los nuevos, planes, discusiones y, al final, tocarlos.
Es decir, sacarlos de sus embalajes y disponerse a mover esos armatostes de no sé cuantos cientos de kilos de peso y que lleguen felizmente a su sitiio.
Todos estábamos contentos y... preocupados.
Bautista, Joaquín y alguien más que no recuerdo, en la puerta del taller.
Me acerco a ellos. Ha venido un camión y los ha dejado justo en la puerta del taller. Esa construcción que estaba en mitad del "patio".
Pero no estaban en su sitio.
A base de empujones, rodillos o lo que fuera, han entrado hasta enfilar la puerta del taller de la derecha.
Quedan cinco o seis metros.
Y se me ocurre una idea.
Pongo el Nissan al lado de la ventana de fuera, metido en la tierra, de espaldas al taller. Metemos una cuerda por la ventana y tiramos de ellos.
Pero, más aún, le digo a Paco que recuerde el funcionamiento de las "maquinillas" de los barcos, es decir, dos vueltas de cuerda sobre la bola de enganche y cuerda suelta al otro lado. Si aprietas, se agarra la cuerda entre sí y se queda fija.
De esa forma tirará del torno y el que está fuera del coche domina mejor la vista para decir cuando se ha de mover el torno o pararse.
Yo, al volante, primera corta, tracción a las cuatro ruedas y, Paco, detrás, los demás al lado del torno y la cuerda tirando -o no- de él.
Empezamos. Claro, el torno se mueve. Muy bien, despacito, despacito se va acercando a su sitio.
Pero la coordinación no ha funcionado. En un momento determinado, el torno se ha "pasado" de sitio y, claro, es más fácil tirar que empujar.
O sea, que renuncia al procedimiento.
Volvemos todos al taller y entre empujones a un lado y empujones a otro, se va llevando a su sitio.
¡Qué lástima!, con lo bien que parecía que iba a ir.

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