miércoles, 27 de octubre de 2021

Romper santos...

 A ver, anécdota histórica (dejo para después ver si ya la había repetido, así que ahí va).

Estando trabajando en el "Juan de la Cierva", nos encontramos con que en uno de los sótanos de aquellos bonitos edificios había una muralla amarilla.
Bueno, en realidad no lo era, pero lo parecía. Entrabas en la habitación y, a la izquierda había, de arriba a abajo una especie de pared amarilla entera. Olía a rata.
Nos acercamos a aquello y ¡valientes!, lo tocamos.
Nos pusimos perdidos de un polvo oloroso -maloliente, claro- de libros comidos por las ratas.
Aparte de eso, objetos más o menos significativos: cosas de carpinteria, de impresión (un crisol con tipos de plomos medio fundir), y un montón de cosas más.
Decidimos mi mujer y yo ayudar a quitar aquello de en medio para aprovechar el local. Empezamos a sacar cosas e inmediatamente preguntar sobre qué era todo aquello.
Nos contaron, que un poco después de la cesión de Sidi Ifni al Estado marroquí, sería por el año 70 o por ahí, hubo que ir a por bienes muebles que estaban aún en la población. Como había en ella una "Escuela de Artes y Oficios" (porque creo que no era una Escuela de Maestría Industrial), había multitud de utensilios dedicados a esas enseñanzas).
Nos pusimos al habla con la Dirección del Centro y ésta con el Consulado y vimos cómo dar salida a todo aquel material.
Pero, entre otras cosas, había multitud de "santos". Es decir, de imágenes de advocaciones religiosas sobre María, La virgen y otras más.
En eso, nos dijeron, habría que decirle algo al Obispo de Tánger. Y así se hizo.
Recomendó revisar si había alguna escultura que tuviera valor artístico o religioso y aquello que no cumpliera ninguna razón de conservación, hiciéramos lo posible por romperlo y tirarlo de manera lo más formal posible.
Pues hete aquí que nuestras amigas, las monjas del Hospital y nosotros, rompimos un montón de santos.
Una aventura un tanto heterodoxa.




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