jueves, 17 de octubre de 2019

En el cafetín del Barrio Málaga

Cualquier tarde, de cualquier día, probablemente en primavera de cualquiera de los años que van desde 1984 a 1987. 

Estoy trabajando en el  "Juan de la Cierva", instituto de Formación Profesional, situado en el ámbito del "Hospital Español", de Tetuán. 

Han acabado las clases de la tarde, hace buen tiempo y pienso que, en lugar de irme a casa -cerca del "control"- voy a darme un paseo.

Salgo del Hospital y tiro a la izquierda, cuesta arriba.

Al final de la calle, a la derecha, tropiezo con una calle que cruza el "Barrio Málaga". Ya lo conocía de pasear por allí, pero nunca había ido tan despacio y dispuesto a charlar con quien quiera que e preste. 

Al cabo de un rato, un cafetín me sale al paso, entro y pido un té.

Me lo llevan a una mesa y un señor, de alrededor de 50 años, me hace una indicación y se sienta a mi lado.

Dice lo que va siendo normal. Sabe quién soy, no de nombre, pero sí de situación. Es decir, que trabajo en el Hospital, que soy profesor y que tengo un coche grande, blanco....

Pues nada, charlamos del tiempo. Él en perfecto español -o casi- pero mucho mejor de lo que, aparentemente, me cabría esperar.

Empieza a contar algo así como "usted no sabe lo que aquí pasamos cuando ustedes (siempre hay una convocatoria a que fuimos "nosotros") se fueron.
¡Ah!, pues cuente.
Dice: "yo soy uno de los que hicimos el tonto".
¿Y eso?

Continúa: Aquí sabíamos que en el sur habían tenido problemas con los franceses, que en Mekinés había conflictos y que, tarde o temprano, nos tocaría a nosotros.

Llegaron unos señores y nos llamaron a hacer manifestaciones contra el protectorado. Nos dijeron que iban a repartirnos tierras si estábamos de acuerdo con que la situación con los españoles terminara de una vez por todas.

Y, ya ve usted. Yo tenía carnet de identidad español.

Fuimos a una plaza y como en una fiesta quemamos los carnets.

Nos dijeron que habia que seguir adelante porque, si no, nos meterían en "el túnel de la risa" y que había que echar a los españoles cuanto antes mejor.

La verdad es que estábamos muy animados. Eso de repartir tierras parecía muy interesante"....

Me llama la atención que está contando esto con la mirada lejana. De vez en cuando se interrumpe para sorber su té, pero continúa sin que yo tenga que preguntarle nada.

Dice: "Al cabo de un tiempo, en el que para nosotros no pasaba nada, sólo éramos informados por rumores, se anunció que se acababa el protectorado español".

Y, ahí -dice-, "se acabó todo la ilusión. No sabíamos a dónde acudir, quién ni cuando nos iban a dar las tierras.

"Pero no nos dieron nada". 

Y seguimos aquí, como antes, pero no mejor que antes. 

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