martes, 28 de mayo de 2019

Dar Ben Karrich

Nuestra amiga Marie C. Brzezinski, ha invocado recuerdos sobre el sanatorio de Ben Karrich. Pues ahí va uno que toca a este lugar en particular.

Sucedió una tarde cualquiera de la primavera del 85 u 86. Tenía que llevar una carta urgente a Correos y, como hacía una tarde magnífica decidí llevarla a Ceuta. 
 
Vivía en el control y, eché a andar hacia la estación a través de la Alameda. Al llegar a una parada de taxis que había cerca del "Ensemble Artisanal", vi a una persona del Sanatorio que conocía por haberme sido presentada por alguien.

Estaba particularmente nerviosa y, al saludarla, me miró con ansiedad. Le pregunté sobre qué le ocurría y me dijo que tenía que ir a Ceuta urgentemente. Había que recoger un medicamento que le traerían en uno de los Ferrys de la tarde. 
 
Como es obvio, la invité al viaje y salimos en marcha hacia Malalien y resto del camino.

Iba nerviosa, decía que el medicamente era importante y que lo había conseguido buscar en Algeciras y que alguien se lo trajera a Ceuta pero que se lo tenía que entregar en mano y temía, que de no llegar a tiempo, la persona se tuviera que volver a la península.

Llegamos a la frontera y era uno de esos días en que sellar el pasaporte es algo más largo que la travesía de Siberia en patinete. Un latazo
Mi amiga se subía por las paredes y estaba nerviosísima.

Nos acercábamos a la ventanilla e indicábamos de la manera más diplomática posible que teníamos prisa.

El funcionario nos miraba y nos hacía uno de esos gestos inabarcables que tan propios son en nuestra cultura.

Hasta qe la mujer, no pudiendo aguantar más, le espetó al funcionario. "¿Sabe usted donde trabajo?. Pues en Ben Karrich y ¿sabe usted a qué nos dedicamos, qué enfermedades atendemos"?.

El funcionario se quedó parado mirándola con algo de susto en su cara. Pienso que mencionar la tuberculosis tiene algo como "mentar la bicha" en lenguaje popular.

El caso es que cogió su pasaporte, lo selló e inmediatamente señalamos mi pasaporte diciéndole que era "el conductor".

Selló los dos y salimos escopeteados para el puerto. 
 
Recogimos la medicina, eché mi carta y volvimos a pasar la frontera al cabo de un ratito.

Hacia abajo todo fue más sencillo.

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