viernes, 10 de mayo de 2019

Las pastillas anticonceptivas

Hace algunos días, contando anécdotas pintorescas entre amigos de la familia, nos decían de contar algunas de las que hubiéramos pasado en nuestros años tetuaníes.

Se me ocurrió la siguiente.

Viviendo en la zona del "control", al lado justo de donde estuvo primitivamente la Paloma, subía algunas tardes a comprar medicinas a una farmacia que había por la zona del dispensario, más o menos, y a esa hora de la tarde me encontraba con que había cola. 

Sin problema, entrabas por una hoja de la puerta de cristales, pasabas por el mostrador y salías por la otra.

Pero en más de una ocasión me encontré con que el señor que atendía a la farmacia me pedía que me quedara.

¿Para qué? fue mi primer planteamiento. Y el hombre, en un medio francés, medio español, me pidió que explicara a una parejilla el cómo se tenían que tomar las pastillas anticonceptivas.

Pues, ¡menudo papel!. Una pareja de jóvenes, pero jóvenes de verdad. Provenientes, según entendí de algunas de las kabilas de entre el Gorges y Ben Karrich, que no hablaban sino Dariya, demandaban explicación sobre ese blister de 28 pastillas.

No se me ocurrió hacer otra cosa que dibujar un calendario, con los cuadros señalados por los días de ese mes, Marzo o Abril, por ejemplo e ir indicando que el dia "arba", "naam" pastilla, el dia Jhemis", naam pastilla y, así hasta acabar el blister. Después 4 ó eran 5 días de "descanso" y, lo peor, cómo se explica en mi paupérrimo arabía, que la pastilla era independiente del cumplimiento marital. Pues, apuro, pero, cuando parecía que nos habíamos entendido, salíamos los tres a la calle con sonrisas cómplices.


Me parece un recuerdo tierno.

Dispensario

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