martes, 24 de marzo de 2020

Las piedras del cementerio

Una anécdota entrañable para mí.
Lamento que parezca que tiene que ver con el momento, pero creo que no, es, sólo un recuerdo de los muchos que guardo.
Un día de trabajo normal, llego a clase y en una de ellas, al pasar lista falta....¿qué se yo?¿Jalil, Mohamed, Abdelhuahab?, da igual, falta un alumno. Uno de sus compañeros se levanta y dice, "Rafa, ha muerto su padre y lógicamente, no va a venir a clase"...
Vale, digo alguna condolencia a sus compañeros e, inmediatamente, les digo que, cuando acabe la clase pediré a quien quiera que me oriente sobre qué hacer respecto al tema.
Así fue. Acaba la clase y a uno de los compañeros, que es allegado del citado le pregunto sobre si hay costumbre de ir al entierro y sobre qué limitaciones puedo tener si lo hago.
Se añaden dos compañeros más y me indican que, si quiero, puedo ir pero para hacerlo más fácil, que vaya a la hora que me indican y me incorpore a la comitiva a la altura de los carboneros o por ahí.
Así lo hago. Llego antes de que pase la comitiva y asisto por primera vez en mi vida a un entierro musulmán.
Pasan los portadores del cadáver, llevándolo en esa caja que recuerdo roja y verde y declamando suras relativas al tema (supongo).
Al cabo de un momento veo a alumnos que me indican que me incorpore con ellos. Así lo hago.
Vamos en silencio, por la zona de los carpinteros, Bab Mcabar y la comitiva sube por la gran puerta que hay a la izquierda.
Me quedo en la puerta y, de pronto, me doy cuenta de que estoy sólo, aunque hay un alumno cerca de mi.
Recibo una pedrada. Y me caen cerca un par de piedras más.
Miro hacia atrás y en la tapia de la derecha hay una señora muy mayor tirándome piedras.
Es lo que menos me esperaba. No sé qué hacer cuando de pronto, el alumno que estaba cerca de mi, se acerca a ella y le increpa fuertemente. Salen dos alumnos más y le acompañan. Alguno de ellos me traducen sus increpaciones que van en el sentido de que un cristiano no puede estar allí y cosas parecidas.
Se me ocurre decirle a uno de ellos que le diga que por qué no hablamos un rato.
Así lo hacen y la señora acepta. Nos vamos un poco más al fondo y me encuentro sentado en una tumba, con la señora a mi lado que no hace más que hablarme sin parar.
Los alumnos le explican que soy su profesor y que -creo que dijeron- que yo era buena gente y cosas así.
La señora no para de hablar y, resulta que está más que interesada en saber cómo son los entierros cristianos.
Pues allí estuvimos un buen rato. Conté todo lo que sabía sobre los cementerios cristianos, la forma de enterramientos, las costumbres familiares al respecto y al final, la señora estaba encantada con el rato que habíamos pasado.
Yo, también.

(publicado en Amigos a los que les gusta Tetuán, el 24 - 03 -2020)

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