Otra historia, más difícil que la de la cucharilla.
Sorpresa tremenda.
Estoy en Ceuta. Había ido a asuntos del Banco, ver a gente conocida y, ya de noche, me encuentro en la frontera española a una señora, elegante, bien vestida, cincuenta tantos años y de aspecto ¿europeo?.
Se dirige a mi, que estoy con el cristal del coche bajado, pues hablo con un policía que era de mi pueblo y ella me pide, en francés, si tendré la amabilidad de llevarla a Tetuán.
Por supuesto, se sube en el asiento del copiloto y se pone encima una bolsa enorme. Trato de indicarla que la ponga en el asiento trasero -voy solo- y, muy correctamente, me dice que no hace falta.
Entramos en Tarajal, le pido el pasaporte, en donde lleva la hojita típica y, junto con el mío, lo llevo a la ventanilla.
Compruebo, con sorpresa, que es búlgara y, bueno, pues una circunstancia más.
Nos sellan y, a la salida, donde está la policia encargada de comprobar sellos y enseres nos paran.
La señora -siempre en francés correctísimo- les dice a los policías que es búlgara, que está de pediatra -o algo así- en el hospital Civil y que forma parte de la ayuda internacional.
Los policías quieren ver la bolsa que lleva encima, pero no les deja. Repite lo de su condición laboral y no hay quien la saque de ahí. ¡Ah!, además dice que no tiene nada que ver conmigo que sólo soy otro cooperante, pero que he accedido a llevarla a TEtuán.
20 minutos más de repetición de la función.
Al final, nos dicen que pasemos y, seguimos para casa.
Ya por el Negrón me dice que lleva un video en la bolsa. Que ella y su marido no salen de casa y que han decidido ir a por algo que les entretenga.
O sea, un montón de cosas sorprendentes porque, a partir de ahí, sale a colación esa ayuda de los países del Este que ni me imaginaba. Me dice cuántos son los médicos que están. Que son empleados de sus gobiernos en un plan de ayudas internacionales y....montones de cosas.
Pero, a partir de ahí, tuvimos pediatra en casa. Se encargó de cuidar a mis hijos como si fueran suyos. Venía a casa a tomar te, a charlar y a hacer amistad.
Hasta que un día, el marido me pidió que le comprara anticongelante y me extrañó.
Al día siguiente se corrió la voz por el Hospital Español -como "chisme" desde el Civil- que los extranjeros se habían ido sin decir cómo ni a dónde.
Al parecer les habían indicado que tenían que volver en pocas fechas a su tierra.
Muchos años, pero que muchos años después, en Sofia, en una de las reuniones del plan Socrates, estando en la puerta de un hospital me dieron ganas de entrar a preguntar.

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