lunes, 11 de mayo de 2026

El comercio como ley vital

 A saber, sábado por la mañana, más o menos las once, en el zoco de Oued Laou. 
 
Estoy allí con tres compañeros de trabajo a los que he cogido a las cuatro de la mañana en sus respectivas casas.
 
Coche y, veloz como el rayo, a Algeciras, Barco, Ceuta -alquiler de coche. Un "Fiesta viejísimo"- Tarajal y, Oued Laou. 
 
Además, los he llevado sin desayunar.
 
O sea, en el barecito de al lado del aparcamiento de los "mil burros", tomamos café y lo que caiga y... paseos.
 
Vamos y vemos por todos lados, están asombrados pero les falta algo de inspiración y se me ocurre comprar un trozo de chuparquía, con moscas incluidas.
 
Lo reparto y aumenta su asombro. La miel en los dedos, la boca pringosa, pero, qué duda cabe, están en el ajo de lo que vemos.
 
Lo que no contaba yo es que el paquete de dulce dulce era más grande que lo que podíamos comer. 
 
Me sobra y no sé que hacer con él. 
 
No iba a tirarlo. Por nada del mundo.
 
Me cruzo con una familia de la zona. Chilabas marrones y, al final del grupo, un stitou, de más o menos seis o siete años.
 
Le indico el trozo de pastel que tengo en la mano. Veo aprobación en los ojos y se lo doy.
 
Seguimos paseo. Nos quedaba ir hasta el final y así lo hacemos.
 
No me lo espero porque un tirón en la chaqueta hace que me vuelva.
 
El stitou, con una cara agradable tiene en las manos una moneda. Lástima que no recuerdo la cuantía.
 
Me la pone en la mano y, claro, ¡no podía aceptarla!, pero algo me hace mirar un poco más alto y, a unos metros, está el padre que hace signos de asentimiento. 
 
Claro, tengo que coger la moneda y decirle "chukran", ¿qué menos?¿no?.
 
Me quedé perplejo y los colegas, tanto como yo.
 
Habíamos visto una característica fundamental de la vida. Comercio. 

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