viernes, 18 de enero de 2019

Catetos en el sur de Marruecos

Escribo con prevención. Sugiero que, al que no le guste lo que lee, o no me lea o, si le molesta y lo considera dañino, me escriba -por privado- con las correcciones pormenorizadas que crea conveniente. Prometo atenderlo.
Pues bien, de lo que se trataba hoy era de algunas aventuras tenidas en las carreteras tetuaníes de los años en que viví allí.
Por ejemplo, alguna vez hice lo que popularmente se llama en España, "el cateto". Es decir, hacer algo que está fuera de lugar y en el momento no adecuado.
Me refiero al hecho siguiente.
Cuando pasabas la aduana del Tarajal y te dirigías a nuestra querida Tetuán, era normal que, bien en el Negrón, bien un poco más abajo, a la salida del "club Mediterranée". había una segunda aduana.
No sé el rango que tenía, pero allí paraban a la gente.
Es verdad que a nosotros, con matrícula amarilla de cooperantes, no nos hicieron parar nunca pero, por prevenir, solía bajar la marcha delante de los gendarmes y, en el caso de ir de noche, antes de llegar, encendía la luz interior.
Pues lo cogí como costumbre, me parecía correcto y adecuado a las circunstancias. Y, eso, automático.
Así, cada vez que fui hacia el sur, Casa, Marrakech, o Fez, y veía gendarmes en la carretera, disminuía la velocidad o, en su caso y en la duda, llegaba a pararme.
Hasta que, en la carretera de Mekinez hacia Rabat, un gendarme se acercó al coche, muerto de risa y me dijo.
¡Usted es del norte!¡Aquí no hay que pararse si no se lo decimos!.

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