Y, puestos a contar también cosas agradables de mi estancia en Tetuán, -nuestra estancia familiar en Tetuán- estaba la de la sensación de ser conocidos por mucha gente. Tenía sus ventajas. Por ejemplo, salíamos de las clases alrededor de las cinco de la tarde y habíamos quedado citados con la señora que trabajaba en casa, para vernos con ella y con nuestra hija -de aproximadamente dos años- en algún lugar de la Medina. Dejábamos el coche alrededor de los pabellones de Intendencia o por ahí, echábamos a andar y entrábamos por la puerta Tharrazin que hace esquina con el consulado.
Al cabo de unos centenares de metros era normal que, algún chico, o señor mayor, se acercaba y nos decía. "Tu fatima y tu hija están en la calle Trankat (o por Souk el Foki, o por ahí)".
Íbamos a su encuentro, dábamos un paseo y volvíamos a casa.
Al revés también ocurría. Si teníamos que volvernos antes de la cita, nos acercábamos a un señor cualquiera y le preguntábamos si conocía a "nuestra fatima". Al decirnos que si, le encargábamos que le transmitiera nuestro recado de que nos volvíamos a casa y, se lo daba.
Era como estar en una especie de ciudad en la que todos nos conocíamos y, en bastante forma, nos disfrutábamos
Un detalle más. Desde el principio de la estancia en Tetuán yo acostumbraba a llevar la cartera con el "flux" en el bolsillo de atrás.
Me dijeron que yo era "el amigo de____(un amigo de la medina) que llevaba el dinero en el bolsillo de atrás".
Me encontré con una definición, con un rol que tenia un cierto riesgo, pero que, también, manifestaba una confianza. Así que seguí con mi disposición dineraria en el mismo sitio.
Nunca ocurrió nada. Bueno, una vez sí, al salir de la Guersa hacia Bab Mcbar, alguien intentó disfrutar de mi bolsillo. Me resultó curioso que, después del manotazo que le dí. El artesano que estaba al lado me dijo "ese no es de aquí". Curioso.
Para mí, todo, o casi todo -no hay nada perfecto- fue agradable.
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