Hay una historia muy curiosa entre mis recuerdos tetuaníes. Me tocó su comienzo, pero me enteré de ella en alguna de las visitas que hice inmediatamente después de mi vuelta a España.
Sucedió lo siguiente.
No sé cuando se empezó de manera institucional o, al menos, sistemática. Al parecer, en los primeros años 80, el gobierno marroquí hizo un esfuerzo por potenciar el empleo femenino. Se ampliaron las plazas de maestras, administrativas, enfermeras o auxiliares de clínica, empleadas de oficina, y labores parecidas.
Se empezaron a realizar las tareas propias de estas actividades y, al cabo de pocos años empezaron algunos problemas insospechados.
Por ejemplo, dos compañeras, maestras o administrativas, llevarían algunos años trabajando y, un buen día, como han comprado un coche, deciden realizar un viaje de turismo interior.
Se encuentran que, al llegar a un hotel turístico... no saben "dónde" meterlas. Es decir, los empleados del establecimiento no están acostumbrados a que mujeres como las que tienen delante, manifiesten su solvencia económica y... su libertad
Cuando esa situación empezó a molestar a las trabajadoras se encontraron con que la forma de "arreglarla" era 'casarse'.
Y acudieron a las casamenteras que, tradicionalmente, cumplían ese papel pero, esta vez, se hacía al revés: Una mujer encargaba que le buscara un marido y bajo unas determinadas condiciones.
El caso es que aquello funcionaba. Conocí a un par de amigos de la medina de Tetuán que habían convenido su matrimonio de esta forma.
Tampoco estaba tan mal. Casados, con una mujer solvente y cumpliendo un papel determinado. Compañeros, padres y conductores, según el convenio que hubieran firmado con su mujer.
Así me lo contaron, y así lo cuento.
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