No puedo fijar con precisión en qué fecha ocurrió pero, por el contenido de mi anécdota, supongo que tenía que ser ya empezado el curso. Cuando los profes y alumnos vamos creando lazos de confianza.
O sea, algo así como al final del trimestre primero, por tanto, finales del 84 o principios del 85.
Lugar, está claro, algún aula de mi Insti en Tetuán: el "Juan de la Cierva" y, supongo que tendría que ser alguno de los cursos normales, es decir 1º de Maestría o Primero de FP-I. Más bien me inclino por el primero.
De siempre -y, lógicamente en Tetuán también-, había puesto en marcha una propuesta de relación y estudio: "En mis clases se puede preguntar absolutamente sobre todo lo que se quiera, si bien me reservo la obligación de contestar en el momento en que crea oportuno para no estorbar el desarrollo normal de la asignatura".
O sea, que los primeros diez minutos de la clase eran lugares en los que podían salir las cosas más peregrinas.
Un ejemplo: Un día cualquiera del período señalado arriba, un alumno me pregunta: "Rafa, ¿tú de dónde eres?".
Claro, hay que contestar con cierta retranca porque la pregunta puede ser -y de hecho era- tremendamente polivalente.
Pero, como estábamos en esos diez minutos de franquicia, contesté rápido: "¿De nacimiento?,¿de adscripción?¿de origen?, ¿a cuál de las tres quieres que te responda?".
El alumno insistió en lo del "origen" y ahí, me explayé.
Empecé: "Mira, tuve la suerte de preguntarle a mi padre sobre el tema y él me propuso hacer una referencia a los 20 siglos que normalmente se consideran en España como historia conocida. Y, así, empezó (mi padre, y yo, repitiéndolo)....Al parecer, 1 ó 2/20 teníamos que ser iberos, celtíberos o algo por ahí. Después, aproximadamente 1 ó 2/20, romanos, mezclados con los anteriores. Más tarde una fracción similar o mayor de visigodos y, por tanto, algo europeos o germanos. Luego, 7 ó 9/20 musulmanes y, para acabar, la fracción que queda hasta el 20/20, un poco de todo".
Les comenté a los alumnos que la descripción de mi padre me pareció ocurrente y curiosa. Divertida. Tanto, que la asumí. Pero, también les conté que seguí preguntando sobre otras culturas que él no había contado porque no parecían numéricamente significativas. Por ejemplo Gitanos y Judios.
Él me dijo -y yo repetí, porque lo tengo asumido-. "Pues mira, tenemos que tener algo de gitanos porque han estado presentes en muchas situaciones y de judios, pues, también, porque, además, tenemos un apellido que tiene que ver con las plantas. Cosa que hicieron muchos judios para hispanizar su apellido de familia y así confundirse con los cristianos".
Y, tal y como yo le pregunté a mi padre, lo propuse en clase. "Entonces, ¿somos algo así como un 'potaje'?.
Y, sí, somos, soy un hijo de un potaje que dará lugar a hijos más mezclados todavía.
El alumno y, con él, los compañeros se quedaron algo confundidos.
Me dijeron, así, "¿Y no te da vergüenza?".
"¿A mí?¿Por qué?".
Y aquello acabó de una forma curiosa porque algunos días más tarde, ya en los pasillos, alguno me comentó que acababa de caer en que sentirse orgulloso o herido por tener un determinado origen no era más que una simpleza. Daba igual el origen.
Me encantó.
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